Hola compañeros, creo que todos nos identificamos en menor o mayor grado con algunos de los punto tratados en “La aventura de ser maestro”, para mí, además de las situaciones a las que se enfrenta el profesor novato, me ha llamado la atención el concepto de una escuela para aprender, pero no sólo los alumnos ¡también aprendo yo como profesor!
Al final del camino podemos decir que aprendimos algo sólo cuando lo hicimos nuestro al indagar lo necesario, pensando que hacer con ello y actuando en cuestión.
Para mi es de suma importancia que los alumnos puedan resolver los problemas que les presenta la escuela actual, la futura y la vida.
Sucede, sin embargo, que aún con nuestras más elevadas intenciones y deseos respecto a lo que queremos que nuestros alumnos logren, nos encontramos con una serie de obstáculos que nos obligan en algunos casos a retroceder y buscar otro camino; me refiero a todo aquello que interfiere con nuestra labor y que bien lo define José Manuel Esteve como “El malestar docente”.
En definitiva las situaciones que causan el malestar están presentes en cada momento de mi actividad dentro y fuera de la escuela, resultando en algunas ocasiones en grados mayúsculos de frustración y molestia, afectando mi desempeño como profesor.
La forma que tengo de reencontrar mi camino es precisamente pensar en que al resultar afectado mi desempeño de forma automática estoy dañando a mis alumnos, los cuales, en muchas ocasiones, no tienen culpa alguna; eso me obliga a recuperar la cordura y hacerme cargo de mi labor con responsabilidad.
Es importante también que resolvamos los problemas que están dentro de nuestras posibilidades y permitir que, los que quedan fuera de nuestro radio de acción sean resueltos por las personas que correspondan, eso si, estando siempre pendientes de que lo hagan.
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